Notas:

sobre la usurpación de casas vacías

 

1-Límite, frontera, tácticas de guerra.

A la pregunta un tanto maniquea acerca de ¿qué es lo que divide el ámbito doméstico y privado, de la calle y el espacio publico? Podríamos contestar, simplemente un muro. Uno con cualidades tanto físicas y arquitectónicas como legales y simbólicas. Un límite fundado en la más antigua tradición urbana que separa en ámbitos con normas y usos distintos el de la vida política y en sociedad, del mundo de lo doméstico y familiar.

En la ciudad contemporánea la división que se nos plantea entre el espacio privado y el espacio urbano y público se sostiene sobre la precisa delineación de sus límites. El ámbito de lo doméstico se nos abre en toda su dimensión una vez que traspasamos el umbral que divide la calle de la casa. Es un pasaje a otra dimensión, automático e instantáneo, y habitualmente sin transiciones. Pero es sobre todo un plano virtual, ideal, fundado en la convención de que el límite existe y es real. Son fronteras soportadas sobre el complejo sistema legal que defiende la propiedad privada y delimita el espacio público. En los sectores consolidados de las ciudades es el acto de derecho el que antecede a la acción de hecho, llenando las ciudades de superficies virtuales no materializadas. Medianeras, líneas municipales, líneas de frente interno, alturas máximas, superficies de tránsito, poderes de expropiación, etc. Solamente en las situaciones donde existe un estado de excepción, como en los inmuebles ocupados, las construcciones fuera de código o en los asentamientos y villas de las periferias y centros de las ciudades, esta dupla se invierte, siendo el hecho: la materialización y la construcción, la que antecede al derecho; determinando la configuración del entorno. De todas formas los dos ámbitos se mantienen separados. Así como no hace falta que esté materializado el límite para que esa división se mantenga, tampoco está garantizado que aunque el muro exista y esté construido la separación entre lo privado y lo público no se pueda subvertir.

Una forma habitual de subversión de esta dupla es la practicada en tiempos donde se establecen estados de excepción declarados, como durante las guerras. Los bombardeos sobre las ciudades europeas en la segunda guerra mundial hicieron lugar literalmente para la aparición posterior de espacios públicos. Las plazas diseñadas por Aldo Van Eick en Holanda o las avenidas abiertas en diferentes ciudades sobre áreas destruidas no hubiesen sido posibles sólo con la iniciativa política. Otro ejemplo es la violencia del Estado fundada en el derecho de expropiación en pos del bien común como motor de la transformación urbana. El tránsito de lo privado a lo público se puede identificar no sin cierta ironía en el proceso que transformó durante la dictadura los escombros de las casas expropiadas para la construcción de las autopistas de Buenos Aires en el espigón sobre el río que más tarde y con sedimentos de por medio, diera lugar a un reservorio para el hábitat de aves en migración, devenida más tarde en la reserva ecológica. Muros que delimitaban la construcción privada en tránsito hacia la construcción de un espacio público. (1)

El uso de las ciudades se sostiene sobre convenciones de significados que se mantienen naturalizadas. Revertir o transgredir estas convenciones requiere un esfuerzo de experimentación para romper semánticamente las relaciones entre las cosas y la forma de usarlas. Esto es lo que se puso en práctica en forma brutal con las nuevas tácticas de guerra urbanas como las practicadas en la ciudad de Nablús en Cisjordania en abril de 2002. El ejército se desplazaba a través de interiores de casas y edificios como si caminara por la ciudad. La estrategia adoptada explotaba el factor sorpresa de utilizar el tejido urbano de la ciudad como si no tuviera límites, atravesar los muros como si se caminara por la calle, entrar a las casas no por el umbral de la puerta ni siquiera por la ventana, sino por la parte de la construcción que está hecha para no entrar: los muros; evitando de esta forma lo que le resulte previsible no solo a la guerrilla urbana sino también a cualquier usuario convencional. (1)

 

2-Costura, articulación, fuelle?

Una forma mas sutil y podría decirse también mas cívica es la practicada en "Hierro 3", la película de Kim Ki-duk. El protagonista entra ilegalmente a diferentes viviendas, al modo de un ladrón, con el único  objetivo de habitar fugazmente en un medio extraño, y de esta forma modificarlo. Accede a las propiedades sólo cuando está seguro de que no habrá nadie, y deja siempre como evidencia de su estancia alguna alteración en la disposición o apariencia de los objetos domésticos, existentes en el lugar. La relación con los habitantes de estas casas se establece no personalmente, sino indirectamente a través de la extrañeza que generan estas intervenciones inesperadas en el orden prefigurado de las cosas, en lo más profundo e inaccesible del espacio privado.

A diferencia de lo que sucede en otras películas como "Quieres ser John Malkovich?", o en la clásica y re versionada varias veces "Los usurpadores de cuerpos", pareciera que en “Hierro 3” esta usurpación no tratara de un problema de subjetividades o de diferencias de miradas desde el interior de un cuerpo extraño. Lo que provoca es más bien la incorporación a la esfera de lo privado y lo familiar de un fragmento del exterior, proveniente del espacio público. Los habitantes de estas viviendas vuelven a sus casas y notan que algo ha cambiado, la ropa que estaba sucia ahora está recién lavada, o encuentran arreglado un aparato descompuesto. No hay daño sino mas bien una mejora de la escena. Esta violación de la intimidad genera por un lado la sensación de sentirse observados pero también la de la falta de impunidad de sus acciones. La violencia domestica se vuelve así una situación con consecuencias públicas, como si se volviera inevitable que alguna conexión con los parámetros de convivencia y habitabilidad que establece la sociedad se debiera mantener en el espacio interior y doméstico.

 

3-O la modificación de viviendas en tránsito

Hay una serie de trabajos que vengo haciendo que comparten ciertas cualidades en común. Son intervenciones en pequeñas viviendas que modifican su arquitectura incorporando ciertas cualidades del entorno exterior inmediato a su interior. Todas son PH o departamentos "tipo casa", es decir que mantienen alguna de las cualidades propias de una casa (accesos directos, relación con el exterior, posibilidades de ampliación, expansión, etc.), pero en donde la porción de terreno está en copropiedad con otras viviendas de iguales condiciones. A la vez, todas están ubicadas en el centro de la manzana es decir sin conexión directa con la calle. Las viviendas están vacías, su transformación se produce como parte de un proceso de inversión inmobiliaria. No hay usuario que proponga ninguna determinación, solo las leyes del mercado y la construcción. El trabajo se concentra en difuminar los límites entre el entorno y el lugar, o más bien ponerlos a dialogar materialmente, afectarse. Incorporar alguna cualidad significativa del contexto produciendo un tránsito de objetos del exterior inmediato al interior aislado.

Es una usurpación en el sentido metafórico pero también material y constructivo. Invadir un espacio que está expectante a su transformación con las cosas que lo rodean en su entorno público: la calle, el parque, la luz. Cosas que cualifican lo público y que escasean en lo privado. El resultado se parece a una heterotopía, una yuxtaposición de situaciones que corresponden a espacios distintos, una escena producida por montaje.

No es crear, se trata más bien de darle forma a lo que se recibe, como lo que se produce al entrar en las c@sas para modificar su apariencia. (2)

 

 

(1) El termino unwalling describe esta situación. Al respecto no perderse la muy detallada investigación realizada por Eyal Weizman en su libro "The Hollow Land", en particular el capítulo "Caminar atravesando muros" (el articulo traducido y publicado bajo las condiciones Copyleft se puede encontrar en http://eipcp.net/transversal/0507/weizman/es).

El combate urbano contemporáneo, por otra parte, se ocupa crecientemente de los métodos para transgredir el tipo de limitaciones que se materializan en el muro doméstico. A este respecto, podría resultar útil pensar sobre los muros (domésticos) de la ciudad como se piensa en la muralla de la ciudad (cívica): como bordes que hacen operativa la ley y como condición de la vida urbana democrática.”

 

(2) La frase de John Berger en “El tamaño de una bolsa” sería: “como lo que se produce al entrar en las cosas para modificar su apariencia”.