CIUDAD ROCA NEGRA

Nuevas formas asamblearias para la generación de proyectos de arquitectura


Ciudad Roca Negra se planteó el desafío de desarrollar un proyecto de arquitectura comunitaria y equipamiento urbano junto a un movimiento social organizado, indagando nuevas formas democráticas y participativas de construir ciudad.En mayo de 2009 fuimos convocados por integrantes del Frente Popular Darío Santillán y del M.T.D. de Lanús (Movimiento de Trabajadores Desocupados) a pensar un proyecto para el predio de la ex fábrica Roca Negra, ubicada en el barrio de Monte Chingolo en el partido de Lanús del conurbano bonaerense. La organización había conseguido recientemente suspender el desalojo y presentar un proyecto de expropiación que declarara de utilidad pública a todos los bienes involucrados, gracias a lo cual se permitió por primera vez poder planificar a mediano plazo las transformaciones del lugar. El predio, que constaba de una extensión de casi tres manzanas y con algunos edificios industriales y galpones en desuso, ya venía hacía años siendo ocupado por la organización donde se desarrollaban actividades educativas, culturales, productivas y recreativas. Una de las características distintivas del movimiento es que se organiza de manera horizontal y que el ejercicio democrático para la toma de decisiones se realiza de forma asamblearia. Fue en las estas primeras asambleas en las que participamos donde se decidió que Roca Negra alojaría una multiplicidad de programas, algunos que ya funcionaban y otros que al momento resultaban utópicos pero que movilizaban tanto la imaginación como las energías de transformación. Sin embargo en todos los programas y usos planteados en ningún caso se incluía la construcción de viviendas o de programas privados, siempre se mantenía entre lo comunitario y lo público. Fue a partir de estas primeras decisiones generales consensuadas que comenzamos a llamar al proyecto Ciudad Roca Negra, reconociendo en el nombre que lo que se proponía era generar las condiciones de intercambio positivas que plantea lo urbano y que justamente es lo que falta en estos contextos periféricos del conurbanos donde lo que existe principalmente son viviendas, sean precarias o no, e instalaciones industriales en desuso o en funcionamiento, pero donde lo público escasea.

Rol del arquitecto: no-especialistas, no-humanos

Trabajar junto a un colectivo organizado que funciona asambleariamente nos introduce en un contexto donde los sistemas de toma de decisiones tienden a democratizarse. Entendemos que en la actualidad el rol tradicional del arquitecto y la figura del encargo podría desplazarse hacia campos donde la autogestión y la convivencia no jerárquica entre especialistas y no-especialistas se vuelvan determinantes. Surgen así nuevos mecanismos de producción basados en la conversación y el debate, en donde la representación de los actores involucrados, humanos y no-humanos, pasa a ser parte fundamental para el desarrollo de un proyecto. Hacer participar a las cosas (formas de producción, tecnologías, materiales), en las asambleas de proyecto fue lo que nos permitió incorporarnos a este sistema de toma de decisiones desde las capacidades de la propia disciplina, incorporando en la agenda del lugar las potencialidades de la arquitectura. Ahondar en estas prácticas, volverlas sistematizables y productivas es el desafío que nos planteó el trabajo dentro del proyecto Ciudad Roca Negra. Durante décadas el urbanismo y la planificación estuvieron ligados a las decisiones de oficinas técnicas o departamentos de planificación. Sin embargo en los últimos años hemos visto emerger la idea de un urbanismo consultivo, en un intento por democratizar las decisiones que se toman sobre la ciudad. Así surgieron los planes para Porto Alegre y el plan urbano ambiental de la Ciudad de Buenos Aires que fueron incorporando diferentes instancias de participación ciudadana. Mediante audiencias públicas, consejos asesores y presupuestos participativos se intenta transparentar el sistema de toma de decisiones.Estos procesos también fueron tomados por la arquitectura, existen varios ejemplos donde se incorporaron mecanismos participativos en la determinación arquitectónica de importantes edificios de diferentes ciudades. Por ejemplo en el proceso de reconstrucción del Ground Cero en Nueva York se implementó a través de Internet un sistema de votación de los proyectos seleccionados en el concurso que permitía a todo el mundo participar de la conformación del futuro de Manhattan. Otros intentos promueven la participación generando instancias de comunicación entre los especialistas de una obra en construcción y los ciudadanos, o volviendo visibles la información de un proyecto a través de dispositivos que intentan transparentar públicamente esos datos. Sin embargo todos estos ejemplos corren el riesgo de volverse solamente mecanismos de legitimación de la toma de decisiones sobre la ciudad y la arquitectura ante una demanda cada más creciente de participación por parte de la sociedad. El desafío tal vez sea cómo lograr que los sistemas de involucramiento y participación se vuelvan realmente mecanismos de generación de consenso y no simplemente simulacros sobre el rol activo de los ciudadanos. Y que fundamentalmente la participación no se circunscriba solamente a abrir ciertas decisiones al debate en la comunidad, sino especialmente a que los recursos estatales y la gestión de estos recaigan directamente en manos de los sectores populares organizados.

Transformar los procesos autogestionarios en maquinarias proyectuales

Una forma organizativa donde la participación se genera más intensamente es en los procesos autogestionados de producción de arquitectura. Es en estos sistemas donde se articulan de manera imbricada las necesidades y los recursos, al desplegar de manera innovadora  maquinarias productivas que requieren la conformación de una organización específica. Como en el caso de las fábricas recuperadas que desde la crisis del 2001 han proliferado, o los diferentes movimientos sociales que vienen construyendo viviendas y hábitat social; muchos de ellos a través del sistema de cooperativas. La autogestión implica que lo que se produce mantenga una relación íntima con la forma de producción. Estos sistemas participativos muchas veces logran intervenir en decisiones generalmente ligadas al gerenciamiento de los recursos o a la organización de la construcción. Sin embargo habitualmente no inciden en el proceso mismo de proyectación de la arquitectura, quedando las decisiones de esta etapa delegadas al campo de los especialistasAsambleas de Proyecto En Ciudad Roca Negra, a lo largo de más de cuatro años desarrollamos un proyecto que fue transitando diferentes instancias según fueron variando las necesidades y posibilidades. La primer instancia fue la de las “asambleas de proyecto” donde lo que se buscaba era llegar a un plan general consensuado, generado en conjunto por la comunidad y los arquitectos. Comenzamos a trabajar dejando de lado el rol tradicional del arquitecto como proveedor de formas y propuestas proyectuales, y nos avocamos a desarrollar instrumentos de visualización y toma de decisiones que se implementaban en estas asambleas, generando el marco donde a través de prácticas deliberativas el proyecto pudiera emerger, a la vez que consensuarse de manera colectiva. De esta forma se registraban y se ponían en relación las necesidades y aspiraciones, así como la imaginación sobre el lugar que manifestaban los que participaban. A través de dispositivos interactivos diseñados para la ocasión se concentraba el debate en visualizaciones específicas de las posibilidades, mientras que se construían las bases de los documentos arquitectónicos que se presentarían en la próxima asamblea.

Objetos de consenso y agrupaciones socio-técnicas

La siguiente etapa, una vez consensuado provisoriamente el proyecto general, fue la de la construcción de “Unidades” o partes acotadas y sectorizadas del proyecto: la plaza de juegos pública, la cocina y comedor comunitario, el bachillerato popular, los espacios culturales y de emprendimientos productivos, los lugares destinados a recreación y los accesos y circulaciones. Esta etapa, que dura hasta la actualidad, se desarrolla articulando diferentes actores, existentes o en algunos casos que es preciso generar. Así, se ponen en relación una compleja red de trabajo y cooperación que consta de militantes y referentes de la organización, la cooperativa de obra propia de Roca Negra (TraSinPat), el bachiller popular para adultos con sus programas de formación en oficios, los talleres de herrería y carpintería del M.T.D., la gestión del Envión (programa del gobierno de la provincia con sede en Roca Negra), el Municipio de Lanús con la administración del programa Argentina Trabaja, colectivos de artistas militantes, el grupo de arquitectos, la Universidad de Buenos Aires donde el proyecto funcionó como investigación en la facultad de arquitectura y diferentes grupos que varían según el caso; como en el ejemplo del Juego de Plaza donde participaron desarrollando el proyecto chicos de entre 3 y 12 años y adolescentes, junto a estudiantes de la FADU.Esta red no está conformada solamente por personas o grupos sino que incorpora también recursos, herramientas y cosas que se vuelven relevantes. Tal es el caso de la bloquera “Darío Santillán” que pasó a ser el motor material de las construcciones. O las imágenes con las que trabajamos para traducir a partir de ellas ciertas cualidades de los proyectos: son imágenes encontradas en las paredes de la Estación de tren conmemorando la masacre de Avellaneda o producidas por colectivos de artistas para ocasiones de protesta o de manifestaciones que tienen un significado relevante para el Movimiento y por ello propician su uso como material de proyecto, convirtiéndose ellas mismas en objetos de consenso.

Construcción de ciudad

En este contexto suburbano donde lo que existe son interminables extensiones de viviendas, precarias y no, y de industrias en funcionamiento o abandonadas luego de las políticas de los 90´ lo que escasea son las condiciones que hacen que una ciudad sea el lugar donde los extraños tiendan a encontrarse, donde los intercambios sociales se produzcan de manera pública y productiva. La decisión para Roca Negra por parte del movimiento social de construir equipamiento comunitario en lugar de vivienda, implica poner el foco en lo público; en definitiva lo que propicia las buenas condiciones de urbanidad. Hacerlo a través de la autogestión y en superposición a las lógicas tradicionales del estado implica desarrollar un alto nivel de participación y de organización por parte de los actores involucrados. La arquitectura como herramienta de transformación puede aportar un conocimiento específico y a la vez mediar en la construcción de las condiciones que hagan posibles esta transformación.

Créditos

http://proyectorocanegra.wordpress.com/

Ubicación: Monte Chingolo, Lanús, Provincia de Buenos aires.

Superficie: 2 hectáreas y media.

Año de proyecto y construcción: mayo de 2009 a junio 2012, actualmente las obras están paradas sin terminar.

Organizaciones: M.T.D. Lanús, Frente Popular Darío Santillán.

Desarrollado por: ariel jacubovich | oficina de arquitectura.

Proyecto: Ariel Jacubovich, Inés Ariza, Leandro Cappetto y Martín Alvarez.

Colaboradores y estudiantes pasantes FADU: Martín Flugelman, Pedro Magnasco, Paula Canavese, Florencia Sciutto, Magdalena Tagliabue, Lucia Cappetto, Libertad Baldiviezo, María Victoria Recabarren, Daiana Cazaubon, Ana Lia Frank, Soledad Silva Gonzalez, María Laura Gonzalez, Antonella Crespo, Cecilia Segal y Rosario Talevi.

Celine Cassourret, Francisca Tapia, Anita Pouchard Serra, Carolina Saldarriaga, Carolina Acevedo.

Desarrollo actual: Ciudad Roca Negra y su dinámica de trabajo devino en la conformación de la plataforma C.A.P.A colectivo arquitectura pública asamblearia.